
Fue en el preciso instante en que se apagó el sol que tuve que alejarme de tus ojos.
Solo el sol podía iluminarlos y hacerlos ver tan esplendorosos.
Cómo me costó poder descifrarlos desde que se apagó el sol.
Busque todo tipo de luz artificial que volviera a darles brillo pero nada se asemejaba a su belleza perdida.
Intenté buscar en mi alma retazos de luz que me permitan iluminarlos pero nunca fue suficiente.
Y fue ahí, en la oscuridad de ese nuevo mundo, en la soledad de aquel espacio en el que tantas veces los vi brillar, que descubrí que eso no volvería a suceder.
Aquella luz interna era solo tuya, eras el SOL, eras la luz, lo eras todo.
